Freddie Mercury quiso morir bajo sus propios términos, revela su asistente

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Freddie Mercury  quiso morir bajo sus propios términos, revela su asistente
Las semanas previas a su muerte, Freddie dijo que no quería seguir tomando sus medicamentos, solo los analgésicos para el dolor.

Freddie Mercury, la voz de Queen hasta que falleció producto del sida en noviembre de 1991, apodó a sus colegas con nombres femeninos. Una de sus varias excentricidades y expresiones de cariño con sus seres cercanos.

Brian May fue apodado Maggie, y Roger Taylor fue llamado Liz. John Deacon no tuvo un sobrenombre porque Freddie lo consideraba ‘demasiado masculino’ para idear algo. Mary Austin, por el contrario, fue apodada Steve y su asistente personal Peter Freestone fue llamado Phoebe.

Freestone, amigo cercano de los miembros restantes de la banda, acompañó a Freddie Mercury hasta su último aliento. Junto a Joe Fanelli (chef) y Jim Hutton (pareja de Mercury), fueron los enfermeros hasta que el cantante dijo el adiós definitivo.

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A 28 años de la muerte del artista británico de origen parsi, Freestone tomó el micrófono para su programa Ask Phoebe y relató en detalle algunas historias en torno a la vida, trabajo y últimas semanas junto a Mercury.

Me estoy volviendo un poco loco

Las primeras señales públicas de la enfermedad que lentamente lo estaba matando, están en el video de la canción “I’m going slighty mad“. Un contundente maquillaje para cubrir las heridas en su rostro, con varias capas de ropa bajo el traje para disimilar la pérdida de peso y una peluca de bananas que ocultada la caída de cabello, caracterizaron a Freddie Mercury para el videoclip en blanco y negro.

Freddie Mercury siendo maquillado para el video de “These are the days of our lives”

Al poco tiempo filmaron un segundo video para el disco Innuendo, el último clip con Mercury en vida. Nuevamente fueron varias las capas de maquillaje las que cubrían el rostro del cantante, quien alguna vez usó un traje de látex y dio piruetas por el escenario con inagotable energía, pero que en esa instancia, vistió de camisa -con sus gatos en ella- y pantalón mientras hacía gestos recatados con sus manos.

“Pese a sus escasas fuerzas, Freddie seguía adelante con más empeño que nunca, y utilizaba el vodka como combustible para las largas y arduas sesiones de estudio”, relataba Peter Freestone en el libro Freddie Mercury, la biografía definitiva de Lesley-Ann Jones (2018, Alianza Editorial).

“Fueron unos días muy tristes, pero Freddie no se deprimía.Se había resignado al hecho de que iba a morir. Lo aceptaba […] De todas formas, ¿alguien se imagina a un Freddie Mercury anciano?”, agregó el asistente personal del cantante.

Peter Freestone las hacía todas. Era quien armaba las comidas en la casa, hacía de mesero, mayordomo, secretario, y paño de lágrimas, en resumen, todo lo que Freddie necesitara. “Viajé alrededor del mundo con él, estuve con él en las buenas y en las malas”, dijo Freestone sobre los 13 años que trabajó con Mercury.

El colega y amigo de la banda, conoció al frontman como encargado de la guardarropía del Royal Ballet en 1979. La química fue tan fuerte que para 1980 ya era la mano derecha de Freddie. “A veces actuaba como su guardaespaldas cuando era necesario y al final, por supuesto, fui uno de sus enfermeros”, dijo en su programa Ask Phoebe.

Freddie Mercury y Peter Freestone

Fueron años difíciles para Freddie y todos quienes lo rodeaban y conocían su diagnóstico, el cual permaneció en secreto para el público hasta el día anterior a su muerte.

En medio de la difusión de la enfermedad en Reino Unido y el desconocimiento en torno a esta, el artista tenía la secreta esperanza de que no le ocurriría a él.

“Freddie sabía de la aparición alrededor del mundo del virus del VIH, y sabía de amigos que estaban muriendo por la enfermedad, así que obviamente jugó con su mente”, dijo Peter Freestone en su programa radial.

“Tal vez pensó que estaba infectado, pero nuevamente, como muchos de nosotros, dejó ese pensamiento en el fondo de su mente, mentalizado de que no le afectaría. Hay que recordar que en esos días, era una sentencia de muerte, aún lo es, pero ahora el final se puede postponer”, agregó el ex asistente.

Según relató Freestone, fue Mary Austin quien insistió a Freddie para que se preocupara de la enfermedad y tomara cartas en el asunto. En principio, Mercury ni siquiera quería hablar con el médico.

“Creo que fue a comienzos de 1987 que Freddie se hizo una idea de que estaba enfermo, pero de todas formas postergó la confirmación lo más que pudo. Se hizo una biopsia, el médico llamó a Freddie, pero él se negó a contestar. Eventualmente, el médico llamó a Mary y le dijo que necesitaba hablar urgente con Mercury, así que Mary persuadió a Freddie de hablar con el médico”, detalló Freestone.

Freddie Mercury desayunando en su casa junto a dos de sus seis gatos

Déjenme vivir

Estudios Mountain, Montreux, Suiza, agosto de 1991.

El cuarteto viajó al país europeo para trabajar en lo que sería la última placa de la banda junto a Freddie Mercury. Lamentablemente, el tiempo no fue suficiente para el cantante, quien no sobrevivió la edición final y posterior publicación de la placa.

“Nunca hablamos acerca de cuánto le quedaba de vida, pero me da la impresión de que cuando tienes una enfermedad terminal, llega un momento en que te haces una idea más o menos aproximada”, Jim Beach, abogado histórico de la banda, en el libro Freddie Mercury, la biografía.

Bajo el nombre Made in Heaven, Queen publicó su decimoquinto disco de estudio con temas como “Heaven for everyone”, “It’s a beautiful day” y “Let me live”.

Estuvieron en Suiza hasta tres semanas antes de la muerte de Freddie. Incluso compraron un departamento que el mismo artista tuvo cuidado de decorar. Su idea era pasar allí las fiestas de fin de año. Según detalla el libro de Lesley-Ann Jones, mantuvieron la ficción por el bien de Freddie.

El 5 de septiembre, celebró su cumpleaños número 45. Con una torta con la forma de su departamento en el condominio Les Tourelles. Según dijo Freestone, fue el cumpleaños más tranquilo de Freddie, solo con los más cercanos.

Les Tourelles, el condominio en Montreux en el que Freddie Mercury compró un departamento

Pero la energía tenía un límite y Freddie sabía que era el momento de ceder a la mortalidad. A comienzos de noviembre regresó a su residencia en Garden Lodge, South Kensington en Londres.

Una de las formas para buscar distraerse fue la pintura, hobbie que no retomaba desde que se graduó de Arte y Diseño Gráfico en el Ealing Art College. “Jim [Beach] salió y le compró una caja de acuarelas y algunos pinceles”, recordó Peter Freestone en la biografía del cantante.

“Se quedaba sentado durante horas intentando pintar un retrato de Delilah, su gata favorita. Resultó ser demasiado para él. Pero sí consiguió pintar un par de obras abstractas. Fue gracias a Matisse. Un día estábamos hojeando un catálogo de una casa de subastas, y vendían un Matisse por 10 mil libras. ‘¡¿10 mil?! Yo sería capaz de hacer eso’, dijo Freddie”.

La atmósfera de Garden Lodge fue descrita por Freestone como “tranquila”, las semanas tras el regreso transcurrieron con visitas de los más cercanos y momento de paz y risas junto a Freddie. “Mientras estuvo vivo, fue el hogar más cálido y acogedor que pude desear. Fue decorado hermosamente, estaba lleno de hermosos muebles y, como decía Freddie, no era un museo, era una casa para vivir y disfrutar”.

Y eran justamente la risa del cantante lo que sus asistente recuerda con más cariño. “Sé que suena muy común, pero cada vez que veías a Freddie sonriendo o riendo durante una entrevista, usaba su labio superior para cubrir sus dientes, o usaba su mano para tapar su boca. La razón era que odiaba su dentadura y siempre intentaba ocultarla”.

En cambio, cuando estaba en casa junto a su círculo íntimo, no sentía vergüenza de sus dientes. “Solo hacía su cabeza hacia atrás y reía fuerte con su boca muy abierta. Esos eran los momento en que el hombre cálido, divertido, y relajado se dejaba ver, sin tener que preocuparse de que personas extrañas vieran a alguien diferente de Freddie Mercury, el rockstar”.

¿Valió la pena todo?

Las semanas previas a su muerte, Freddie dijo que no quería seguir tomando sus medicamentos, solo los analgésicos para el dolor.

“En realidad, Freddie nunca dijo que tuviera miedo a morir. No tenía sentido que se sintiera asustado. Nunca permitió que la enfermedad asumiera el control de su vida. En cuanto parecía que iba a ocurrir algo parecido, Freddie volvía a asumir el mando. Él era quien iba a decidir cuando morirse”, explicó Peter en su programa Ask Phoebe.

Días antes de su último respiro, le pidió a sus ‘enfermeros’ que lo ayudaran a recorrer su casa. “Freddie estaba en el primer piso de Garden Lodge el 20 de noviembre, quería ver sus cuadros por última vez. Terry [guardaespaldas y chofer] lo cargó para bajar las escaleras, pero él caminó por la sala de estar y el salón japonés, con uno de nosotros apoyándolo. Nos relató cómo adquirió algunas de sus obras de arte. Obviamente hubo una atmósfera de tranquilidad los últimos días, pero Freddie siguió siendo Freddie hasta el final”, relató Freestone a su audiencia.

La última fotografía conocida de Freddie Mercury, la cual fue capturada por su pareja Jim Hutton

Si bien en un principio el artista se negó a que su familia y amigos lo vieran en un estado deplorable, e intentó alejarlos impidiendo visitas, la semana anterior a su muerte fue visitado por sus padres, su hermana, Mary Austin y su compañeros de banda John Deacon, Roger Taylor y Brian May.

La prensa asedió su casa mientras los tabloides lucraban con el rumor de que Freddie Mercury, líder de Queen, tenía Sida. Tras los muros de la residencia londinense, Freddie perdía la vista y las ganas de vivir.

“Creo que al final, lo único que lamentaba es que todavía le quedaba mucha música dentro”, relató Peter quien asegura que el músico tenía claro que había llegado su momento, pero insiste en que la publicación del comunicado confirmando la enfermedad 24 horas antes del deceso, fue mera coincidencia.

“Había un plan para hacer un anuncio antes de la muerte de Freddie, pero todo fue muy rápido. Después que regresamos de Suiza el 10 de noviembre de 1991 y decidió dejar de lado sus medicamento, obviamente pasó por su mente hacer una declaración oficial. Hizo todos los arreglos… creo que sintió y supo que era el momento”, dijo Freestone.

Jim Beach tenía programado un viaje a Estados Unidos, pero se las arreglaron para redactar juntos el comunicado antes de su partida.

La declaración fue publicada el 22 de noviembre a las 22 horas y el 24 de noviembre Freddie Mercury falleció en su cama en Garden Lodge por complicaciones de una bronconeumonía.

“No había ninguna señal en ese momento de que Freddie se iría tan pronto. Sabíamos que no pasaría mucho tiempo, pero el médico de Freddie había dicho que podría vivir unos días más. Tiendo a pensar que ya había tenido suficiente, y que quiso morir bajo sus propios términos (dentro de lo que la enfermedad le permitió)”, detalló Freestone.

“Creo que estaba en paz con sí mismo. Sabía las consecuencias de sus acciones y tuvo el tiempo para hablar con amigos y familiares y decir adiós. Creo que no quería ser recordado como un mero mortal. De hecho, le dijo a Jim Beach, ‘Puedes hacer lo que quieras con mi legado, pero nunca me hagas parecer aburrido”, finalizó Peter Freestone.

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