OMISIÓN y NEGLIGENCIA tras 14 años de violencia intrafamiliar y de género

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OMISIÓN y NEGLIGENCIA tras 14 años de violencia intrafamiliar y de género

El pasado 17 de julio, Jesús Rosas Santiago (23) fue privado de su libertad por 4 hombres y su progenitor, quienes allanaron su morada para posteriormente llevárselo por la fuerza 

Luego de 15 días de incansables jornadas en busca de justicia y apoyo en varias instancias, la respuesta para Edith Santiago, madre de Jesús, por parte de las autoridades ha sido la misma: despotismo, omisión y más maltrato para una mujer que ha sufrido el abuso y la violencia psicológica, económica y física por parte de su ex pareja.

José Miguel Ponciano Rosas García, dejó de responsabilizarse y aportar la manutención de sus hijos desde hace varios años, no obstante, la violencia ejercida de manera sistemática sobre Edith y sus hijos, los ha vulnerado gravemente, incurriendo además en la reciente privación de la libertad de Jesús, para recluirlo en un albergue para alcohólicos de manera arbitraria e inconstitucional.

Hasta el momento, la madre del estudiante de la Facultad de Economía, desconoce la situación actual de Jesús, así como de la figura jurídica responsable de la administración del albergue, la Clave Única de Inscripción al Registro Federal de las Organizaciones de la Sociedad Civil (CLUNI); así como la existencia de un expediente, la autorización sanitaria del lugar o la certificación de competencias laborales y títulos de los trabajadores del albergue.

Hemos hecho todos los trámites posibles tanto en la fiscalía como en Derechos Humanos y diferentes dependencias, pero la respuesta a sido la misma, el desinterés y despotismo de estas personas es evidente, mi condición de mujer y de trabajadora al parecer no me ayudan mucho …” 

La historia de la señora Edith es la historia de miles y millones de mujeres en México, una historia de violencia, agravada por una complicidad nefasta por parte de las autoridades dentro de este tenor de impunidad machista, patriarcal y represiva.

Desde muy joven “se la llevó” quién actualmente es su exmarido, no para darle una vida de ensueño y telenovela, como los cánones del aparato de propaganda cultural capitalista lo marca, si no para hacerla vivir un verdadero infierno en carne propia.

El machismo, la violencia, la manipulación, la vejaciones, el alcoholismo de Miguel Rosas y muchas otras aberraciones dejaron secuelas en la familia a lo largo de toda su vida, así como la hipocresía, ruindad y mezquindad de este retrógrado sin escrúpulos.

Años de soportar golpizas, insultos, amenazas, mentiras, acoso y humillaciones, años de vivir con miedo, años de soportar una vida llena de penurias, difamaciones y maltratos.

Pero la pesadilla después de separarse estaba lejos de acabar, tras 14 años de estar separados Miguel Rosas no ha reculado en su intento por lastimar y hacer la vida imposible a la señora Edith Santiago.

“Visitas inesperadas” y allanamientos en evidente estado de ebriedad a la casa donde vive la señora Edith con sus hijos, maltratos y golpes a sus hijos, privaciones de la libertad de sus hijos sin el consentimiento de su madre, insultos frente a terceros en la calle y eventos sociales en los que por desgracia han llegado a coincidir, así como ofensas delante de sus hijos en incontables ocasiones.

El historial de denuncias es ya bastante largo, desde violencia familiar hasta la de género, pasando por intento de restricción y alejamiento infértiles e ignorados por las autoridades (en su última denuncia en la fiscalía especializada para la violencia de género le dijeron que tenía que llegar golpeada y caso medio muerta para poder hacer la restricción efectiva). La respuesta de las autoridades ha sido siempre la misma revictimización, desestimación y evasión de sus responsabilidades jurídicas, complicidad y responsabilidad ya sea por comisión, omisión o aquiescencia.

Denuncia:
No.CH/2952/2005/AES
Denuncia:
No. 1211/2006/AES
Constancia de hechos:
No. CH/2937/2005/AES

La cobardía de Miguel es de tal envergadura que sin el mayor reparo esgrime insultos contra la señora Edith en publico, y después de tantos años continúa llegando tomado solo para insultar y ofender a sus hijos como a la señora Santiago, lo cual genera un grave proceso de incertidumbre y vulnerabilidad para la señora y su familia ya que entre las amenazas siempre está presente el quitarles las casa en la que habitan, entre otros pueriles, como lastimosos apercibimientos.

La actitud de Miguel Rosas es la de un ruin charlatan que ostenta el cargo de terapeuta para aprovecharse de las y los jóvenes a los que dice ayudar; llegando incluso al estupro y adulterio, su actitud como potencial feminicida y peligro para la sociedad en especial para el sector femenino e infantil es casi de manual, la aureola de ética santurrona, hipócrita y doble moralina que lo caracteriza es solo la forma con la que embauca a las personas, a las y los más jóvenes en especial.

Actualmente la señora Santiago se encuentra en un proceso para poder interponer su denuncia por violencia de genero:

Oficio No. CDI-2307/2020UVFyDG
Oficio No.
UVFYDG/M-19/921/2020
Delito: Violencia de Género.

Después de tantos años y de una extenuante, como reciente campaña de difusión y denuncia tanto en las calles, como en redes sociales y juridicamente por fin se aplican protocolos básicos como los estimados en la Corte Interamericana ( Pacto de San José) y los de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer ( Belem Do Pará).

Aunque el camino aún es largo para la señora Edith cómo para millones y miles de mujeres en este país, ya que las aberraciones no dejan de saltar a la luz tanto en las instituciones que imparten una legalidad moribunda como en esta sociedad que intenta mercantilizar y condenar su esfuerzo de dignidad y respeto, que no duda ni por un segundo en atacar con uñas y dientes la verdadera búsqueda de justicia y bienestar.

La justicia y libertad plenas son aún un vértice muy lejano por alcanzar para las mujeres en este país y sociedad machista, misógina, capitalista y patriarcal. (…)

NO MAS VIOLENCIA MACHISTA. 

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