(VIDEO) Robert Johnson: la historia del músico que le vendió su alma al diablo

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(VIDEO) Robert Johnson: la historia del músico que le vendió su alma al diablo

Pocos artistas han generado tanto misterio como el genial guitarrista de blues Robert Johnson (1911-1938), un músico al que siempre se lo conoció por la leyenda de haber vendido su alma al diablo a cambio de un incomparable talento para tocar blues.

Sus únicas 29 canciones, grabadas en dos sesiones entre 1936 y 1937 en Texas, se convirtieron en un sólido legado de su creatividad y un aporte de incuestionable valor para la música. Hasta hace poco, Johnson era más un fantasma que un músico de carne y hueso, pero a fuerza de investigaciones -casi como una historia de detectives- parte de ese misterio comenzó a resolverse.

Lo que se ve en Netflix

El viernes 26 de abril, Netflix subió a su plataforma el documental Devil At The Crossroads, dirigida por Brian Oakes, sobre la corta y misteriosa vida de Johnson, en la que son entrevistados el hijo y el nieto del guitarrista y músicos como Taj Mahal, Keith Richards, Eric Clapton, Bonnie Raitt, Keb ‘Mo y John Hammond Jr.

Un filme de 48 minutos en los que resalta buena parte de esa leyenda en la que se cuentan los supuestos entretelones de ese pacto con el diablo, una medianoche en una encrucijada de caminos, pero también desarrolla una muy posible hipótesis de ese inexplicable cambio en el que Johnson pasó de ser un mediocre guitarrista a ese genial músico en poco más de un año.

La trama tiene ritmo, Robert Johnson es una elegante animación que le da un rico dramatismo a las diferentes escenas y que quitan esa necesidad de buscar parecidos, mucho más cuando sólo se conocen dos fotos del músico. De las entrevistas surge una indiscutible coincidencia sobre las calidades artísticas y de compositor de Johnson, pero también revelan la poca información que se tiene del músico.

Un dato menor pero llamativo es que el documental muestra la casa donde supuestamente nació, un 8 de mayo, en Hazlehurst, Mississippi; casi un milagro haber dado con esa casilla de madera que más de cien años después sigue en pie.

Un poco de historia

Ahora bien, Johnson fue hasta los veinte años un guitarrista del montón, un intérprete mediocre, según cuentan los bluesman Son House, que fue una influencia para el músico, y Willie Brown, ambos incrédulos testigos del antes y después del músico.

En efecto, estaban ahí cuando poco menos que echado de los bares de música de Robinsonville regresó un año y medio después convertido en un intérprete excelente.

Lo inexplicable de ese florecimiento repentino se lo atribuyeron al pacto con el diablo, una salida airosa para aquellos que se sentían dueños de la verdad en el blues hasta ese momento. “Nadie desaparece y vuelve siendo el mejor”, decía sacudiendo su cabeza Brown. Ambos se sorprenden también de que Johnson tocase con una guitarra de seis cuerdas, ya que todos los guitarristas del Delta del Mississippi tocaban con cinco cuerdas y afinación abierta en sol.

Las letras de sus composiciones contribuyeron por cierto a sembrar esa leyenda del pacto con olor azufre, ya que continuamente hace referencias al diablo. También sus enigmáticas frases (“I’ll do the Breakaway on your liver”, algo así como “haré el corte en su hígado”), que podrían tener que ver con el argot de esas zonas, aunque lo cierto es que siguen sin ser comprendidas con certeza.

Para el historiador Ted Gioia en Blues, La Música del Delta de Mississippi (Editorial Turner) “La historia del cruce de caminos es parte importante de la biografía de Johnson y no sabemos hasta qué punto el responsable es el propio músico ¿Fue él quien la originó? Y si es así, ¿la creería de forma literal o de forma simbólica? O acaso fueron otros en busca de denigrarlo”.

Lo cierto es que más allá de las investigaciones sobre este asunto, los contemporáneos de Johnson creían en esta historia.

Si bien esta leyenda es una parte importante de su biografía, el filme contribuye a contrastar ese pacto con el diablo con su temporada de aprendizaje con el guitarrista Ike Zimmerman, quien lo inició en la técnica del slide (el tubito metálico que usan algunos guitarristas para pulsar las cuerdas) y de diferentes armonías que logró dominar en muy poco tiempo; toda esta enseñanza tenía una particularidad: “a la medianoche se reunían en un cementerio a practicar, porque era allí donde los conocimientos no se olvidaban”.

Más allá de la contribución que haya tenido el diablo en la música de Johnson, fue un talento natural importante, la práctica constante y el haber estado en contacto con la música de grandes artistas del blues como Kokomo Arnold, leroy Carr, Lonnie Johnson o Tommy Johnson lo que dio como resultado un puñado de los mejores blues de su historia.

Quizás quien mejor definió la calidad del guitarrista como compositor fue Keith Richards: “Apareció con temas irresistibles; eran canciones, además de blues”.

La película recorre de arriba abajo aspectos de la vida de Johnson y hace un permanente hincapié en la vivencia de la comunidad negra acerca de que el blues era música que conducía al infierno sin escalas (“música diabólica”, la llamaban); sus desgracias se acentuaron con la muerte de su joven esposa, Virginia Travis, en el parto, y de ahí en adelante su vida fue una búsqueda de reconocimiento que alcanzó poco antes de morir y que le habría provocado más problemas que beneficios.

Uno de los músicos que tocó fehacientemente con él, el guitarrista y armoniquista Honeyboy Edwards en su paso por Buenos Aires, en 1993, dijo que Johnson además de ser un gran artista era un hombre muy complicado y no sólo cuando bebía.

En efecto, sus continuos amoríos con mujeres casadas generaron una mala energía en ciertos lugares. Su desenlace fue que un marido celoso al que humilló poco después de su actuación en un bar de Greenwood, Mississippi, envenenó su whiskey. Agonizó durante dos días para morir el 16 de agosto.

Seis meses después el cazatalentos John Hammond lo buscó para que participara de la noche estelar de la música folk en el Carnegie Hall, Nueva York. Ahí se conoció la noticia de la muerte de Johnson, que fue reemplazado por Blind Lemmon Jefferson.

“Crossroads” y “The Search for Robert Johnson”: otras películas de temática similar

La película Crossroads (Encrucijada), también está en la plataforma Netflix. Fue estrenada en 1986, dirigida por Walter Hill y con música de Ry Cooder. Es un largometraje de ficción que rescata a partir de la historia de Robert Johnson la experiencia de “hacer un pacto con el diablo en la encrucijada de caminos”. una historia similar protagonizada por el armoniquista Willy “Blind Dog” Brown, que busca antes de morir que lo liberen de ese contrato y que junto con el joven Eugene “Lightning Boy” marchan hacia ese crossroads, en la Ruta 61, en Mississippi. Pactan un duelo de guitarras entre Eugene y “Jack” (representante del diablo en ese match de improvisación, a quien interpreta magistralmente el guitarrista Steve Vai) y el filme tiene un final tranquilizador.

The Search for Robert Johnson (1992), dirigida por Chris Hunt, es un documental para la televisión británica riguroso en muchos aspectos y en el que intervienen Honeyboy Edwards, Eric Clapton, Keith Richards y John Hammond Jr. entre otros reconocidos músicos.

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